¿Qué os llevarías de vuestra casa si hay un incendio?
Fue la pregunta que lanzó la profesora de salud mental.
—Respondí: mi ropa.
—Me respondió: “Es comprensible, suele ser una extensión de nosotros mismos”. Me miró como si ella supiera algo que yo no.
Tal vez suene algo superficial; no quiero ser juzgada, pero honestamente es lo que más me representa. Es una extensión de mí. Puedo ser la misma chica en pijama, pero me expreso a través de ella. No es solo un trozo de tela: son experiencias vividas, recuerdos, cuentan mi historia.
Una parte de mí sabe de dónde nace ese apego hacia la ropa, pues cuando estaba en el orfanato todos compartíamos la ropa. No tenía control sobre algo tan básico; la sensación de escasez se hacía notar. Además, la ropa no se expresaba como una extensión de mi persona.
Ahora, como adulta, he recuperado el control: yo decido, elijo y cuido. He experimentado una reparación emocional, pues ahora permanecen, no desaparecen. Representan mi identidad, quién soy. Hay límites: esto es mío y se respeta.
Supongo que una pregunta tan sencilla y aparentemente inofensiva puede revelar mucho más de nosotros de lo que podemos imaginar.


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