Han dice:
“Hoy, la negatividad del otro deja paso a la positividad de lo igual.”
Antes, la sociedad se enfrentaba a lo distinto: había conflicto, debate… Ahora eso está desapareciendo. En lugar de lo diferente, domina lo igual. Existe una tendencia hacia lo que no incomoda, hacia una cultura homogénea, hacia opiniones parecidas.
El violento poder de lo igual.
Han dice:
“La proliferación de lo igual se hace pasar por crecimiento. Pero a partir de un determinado momento, la producción ya no es productiva, sino destructiva; la información ya no informa, sino deformadora; la comunicación ya no es comunicativa, sino meramente acumulativa.”
La información hoy en día se presenta como datos rápidos, titulares.
El conocimiento, en cambio, implica entender, relacionar, reflexionar, profundizar.
Han critica la velocidad, la superficialidad y la saturación.
Pienso que lo que aprendemos hoy cae en el olvido más rápido que antes. Quizás se deba a la velocidad o al poco tiempo que invertimos. Para que algo sea retenido, necesita profundidad y tiempo.
Yo lo llamo “información sin contenido”.
Las redes sociales son el espacio perfecto para esto: creemos saber, pero en realidad no sabemos nada. Ya no nos detenemos a investigar, reflexionar o profundizar. Hemos dicho no al conocimiento y sí a la información sin contenido.
Han dice:
“Viajamos por todas partes sin tener ninguna experiencia. Uno se entera de todo sin adquirir un conocimiento.”
“Tener una experiencia con algo significa que eso nos concierne, nos arrastra, nos oprime o nos anima. Su esencia es el dolor, pero lo igual no duele.”
Tener una experiencia implica que algo puede cambiar en nuestro interior.
Lo igual no genera experiencia.
En relación con lo igual, recuerdo algo que dijo una profesora a una amiga vegetariana: no debía limitarse a leer solo libros de vegetarianos, sino también conocer posturas contrarias para obtener una visión más completa.
Es una buena reflexión, porque tendemos a lo igual, a consumir aquello que nos resulta afín.
Esto, en psicología, se conoce como sesgo de confirmación: la tendencia a buscar información que refuerza lo que ya creemos.
El terror de la autenticidad.
Han dice:
“La autenticidad es un argumento a la venta.”
“El esfuerzo de ser auténtico desencadena una comparación permanente con los demás.”
Han explica que algo tan personal como la autenticidad se ha convertido en una obligación social. Ya no es espontánea: se muestra, se exhibe, casi se vende.
Cuanto más intentas ser auténtico, más dependes de los demás, porque te comparas constantemente. Termina siendo una competición por ver quién es más original.
Formas parecidas de ser diferentes.
Ser auténtico se convierte en una forma de consumo: necesitas participar en el sistema para diferenciarte. Pero ser singular no es lo mismo.
Han dice:
“La singularidad no solo es distinta de los demás, sino distinta de todo lo que es distinto en los demás.”
Ser auténtico requiere comparación.
Ser singular, no.


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